lunes, 16 de abril de 2012

Divagando en mi mente



Estoy en mi habitación, sentado frente a una hoja en blanco que poco a poco se va llenando de tinta que está contenida en una antigua pluma fuente que tomé de las cosas de mi padre. Siempre me han gustado las plumas fuente y de toda la vida me he sentido atraído por las cosas que mi padre guarda en su escritorio, tal vez es esa extraña aura de misterio que rodea su oficina, su antiguo escritorio y aquel edificio donde antes estuviera la cruz roja mexicana, hoy un edificio de gobierno.

Es extraño, como si cada una de las cosas tuvieran su esencia y en especial esta pluma; ha sido utilizada en tantas ocasiones para firmar quien sabe cuantos documentos y en ella recaen quien sabe cuantas responsabilidades, simplemente me fascina. Casi no paso tiempo con mi viejo, y casi no estoy en mi casa porque ya estoy en la universidad...

Suena mi reloj indicando las 12 de la noche, vaya que ha sido un largo día, mas no me siento cansado ya que estoy en semana de vacaciones y trato de hacer todo lo que no he podido hacer mientras estaba en clases, a veces desearía tener más tiempo.

Se escucha un sonido en la sala, es el seguro que no esta bien colocado que mantiene la ventana en su lugar, aquella gran ventana que da al patio y que tiene varios días en reparación pero parece que nunca estará terminada. Es de noche, el viento se filtra por las rendijas y los mosquitos quieren entrar desesperados atraídos por el dióxido de carbono que sale de nuestros pulmones. Tal vez debería de ir a dormir, me digo a mi mismo pero el ver como esta hoja blanca se va llenando poco a poco con puntos negros y trazos que salen de la punta de la pluma me emociona, me da una ansiedad de terminarla, de que no quede ni un espacio en blanco, a no parar y acabar con ese brillo pálido de la celulosa.

Todo está en orden. Hoy por la mañana limpié y procuré que no quedara nada fuera de lugar, de una forma tan minuciosa que algunos podrían llamar obsesión, pero el estar rodeado de orden y de saber que todo esta en su lugar te da una sensación de tranquilidad, perfectamente en equilibrio. Pero solo es afuera, no en mi cabeza. Adentro, todo es un caos, desorden, abstracción que gira sin control y sin ningún sentido de armonía ni orden lógico. Una calamidad.

A veces trato de que pase desapercibido manteniendo el orden, que me vean como un ser normal, como uno de los suyos. Ojalá fuera así.

Me emociono, empiezo a sudar, mis pupilas se dilatan, ya solo queda una pequeña parte de lo que una vez fue una reluciente hoja blanca bond, ahora ha sido alterada por miles de pequeñas rallas que amenazan con su destrucción. Estoy ansioso y me invaden ganas de reír a carcajadas, todo va a terminar en cualquier momento.

Después me levanto, seguido por un escalofrío. Todo acabo, la hoja llego a su límite, ahora estoy ahí, parado contemplándola y ahora ya no tiene sentido, estoy solo, regresaré a ser aquel extraño ser que nadie conoce, regresaré a ser yo.

Apago la luz, subo a mi cama,
cierro los ojos
imagino que estoy...

...en la nada.


Así está mejor.

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