lunes, 16 de abril de 2012

Un día en la ciudad



-Un día de estos verán que si puedo hacer el truco- gritó un niño y salió corriendo envuelto en lágrimas.

Aquí estoy, esperando mas de 1 hora afuera de la primaria cercana al río. ¿Qué hago aquí? Me citó un amigo de la preparatoria , diciendo que era importante y que tenia que hablar conmigo en persona. Algo tenía que saber. Llevo mas de 60 minutos esperando y no hay señales de él. 

Siempre había sido algo impuntual, recuerdo que en economía me hacía quedar mal en las exposiciones porque  llegaba tarde y como era el único que tenía computadora portátil siempre se ofrecía a hacer la presentación. Incluso una vez reprobamos una materia. Pensé que habría cambiado después de 5 años. Me equivoqué.

Voy caminando por la ciudad, tomo la primera ruta que pasa. No quiero llegar a mi casa. 
La 47 recorre las húmedas calles de Querétaro, están mojadas por la llovizna de la madrugada, no hay nadie, es domingo por la mañana. La gran población esta resguardada en el calor de sus hogares, acompañados de sus familiares y mascotas, apiñonados(sic) en sus camas. O por lo menos eso es lo que imagino al ver las solitarias calles del centro de la ciudad.

Llego a un paradero, el camionero se baja para alcanzar a sus compañeros que prendieron un fogón entre unos ladrillos y están calentando tortillas para el desayuno.  - En 15 minutos sale la próxima joven - Me dice el chofer al ver que bajo de la unidad. 

Me alejo del lugar caminando, viendo el cielo y admirando el paisaje sub-urbano de las afueras de la ciudad. Ese olor a tierra mojada tan característico que me recuerda a mi juventud. En solo 45 minutos regreso al centro. No tengo nada que hacer.

Las alcantarillas de la calle están llenas de basura, y mientras voy caminando voy descubriendo viviendas que hace poco no estaban ahí, la ciudad va creciendo, se expande cual plaga y no hay quien pueda contenerla.

Cada vez somos más, cada vez la gente se hace mas fría, cada vez somos mas desconocidos. Paso a una de las pocas tienditas que hay abiertas, compro algo de tomar (agua simple) y me dispongo a subir al cerro, a aquel lugar que mis padres escogieron como vivienda muchos años atrás. Tan lejos y tan cerca del centro.

He llegado a mi casa, dormiré un rato.


Alex Sanz

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