viernes, 28 de noviembre de 2014

El día que las lágrimas dejaron de salir


En el invierno, las hojas caen.
En el invierno, las cosas comienzan a cambiar.
Como una ola de acontecimientos impugnables la naturaleza hace de las suyas y comienza, lentamente a matar todo aquello a su alrededor. Árboles, flores, hongos, insectos, cualquier cosa que intente contradecir a la madre naturaleza sucumbirá ante la ira y la indiferencia de ella.

Pues ¿Qué somos nosotros?, mas que simples hojas que caen de un árbol con la primera brisa invernal de una mañana gélida de noviembre donde el amanecer aún no llega y las mariposas ya han migrado a un clima mas agradable. ¿Qué somos? sino una frágil flor que pende del botón de una rama, esperando a ser sodomizada por la nieve pura y blanca en su incontenible tempestad asesina. Eso mismo se preguntaba Victor. Un singular e incomprendido joven de alguna familia de las muchas que habitan el condominio 405.

Pero ¿Porqué?. Para entenderlo primero tenemos que tener claro que él, es un sobreviviente. Sobreviviente de tempestades sentimentales y único ganador de la batalla contra la depresión que lo somete todas las mañanas cuando despierta y lo abandona en las tardes de tranquilidad, solo para regresar por la noche a atormentarlo en su desgracia. Dando una batalla épica contra todas sus posibilidades, donde diariamente, logra sobreponerse al demonio de sus miedos y levantarse de las cenizas de sus alegrías. Que regularmente son reducidas a la mas mínima expresión y entregadas a la indiferencia misma de la auto contemplación, que diariamente es cuestionada y refutada.

Él está en una batalla constante entre lo que desea y lo que es. Como si el Yo y el Super Yo entraran en una espiral sin fin donde el Ello toma control de las riendas de la situación solo para marcar una pauta y mantener en orden los deseos de aquella mente tan perturbada. El subconsciente ya dejó de ser un terreno incomprendido para fusionarse con la realidad y la abstracción pasó a un terreno tangible tanto así es que el pobre Victor ya no sabes que hacer.

El problema de Victor no es que sea una persona conflictiva, ni es que sea una persona que tenga alguna deficiencia en cuanto a lo académico, social y político se refiere. Su problema va mas allá de todo lo que el ser humano se jacta de ser, Sentimental.

Desde hace ya algún tiempo, Victor ya no puede sentir nada. Se dio cuenta una tarde mientras contemplaba una película que contenía una gran cantidad de escenas perturbadoras. Aquellas imágenes le eran totalmente ajenas y ficticias. Tal vez era por que en el fondo sabía que eran actores que estaban empleando sus habilidades para poder aparentar algo que no sentían pero después, cuando veía las noticias sobre la gente de su país que estaba siendo torturada, violada, masacrada por los medios de opresión con las más brutales técnicas de represión, no sintió nada.

Cuando jugaba algún videojuego que involucraba la destrucción completa de la raza humana sin importar cuál o cuantas personas tendrían que ser sacrificadas, no le importaba. Cuando trataba de la lectura del genocidio del pueblo judío por los Nazis en 1945, no le causaba molestia alguna. Cuando trataba sobre la guerra contra el narcotráfico donde miles de personas habían perdido la vida, no le generaba ningún sentimiento.

Y es que ¿Qué puede ser peor que un humano que no pueda tener sentimiento alguno? Es la antítesis de lo natural. Si la base de nuestra ideología y nuestra coherencia como sociedad está basada en las normas del civismo respetando los derechos humanos, derivados de la sensibilización y el respeto al derecho ajeno, ¿Qué sería de alguien que no lo es?. ¿No es por definición, alguien no humano?.

Pues este es el caso de nuestro joven y desorientado personaje, que aún cuando desea poder ser una persona normal, vivir en un mundo normal y poder tener una relación sentimental profunda con los seres que le rodean, se limita a observar. Como un auditor en alguna fábrica, siempre observando, siempre juzgando. Jamás podría tener una manera de participar en el juego de la vida pues él, como todo el de su tipo, está por encima de los demás al carecer de un afecto y un juicio que le permita comprender las acciones de los suyos y los que le rodean.

Vaga por las calles de la ciudad como mota de polvo que no tiene ni rumbo ni destino, que es manipulada por el aire para llevarla a los lugares mas recónditos de la imaginación. Es así como empieza el viaje que emprendería en busca de respuestas para su problema.

Un viaje que tiene fin en el momento en que se de cuenta de que todo está en su imaginación y que no necesita de algún estándar de comportamiento por el cual deba de regir sus acciones. El momento en el que pueda liberarse de todos los prejuicios que lo acompañan y que no se preocupe por aquello que es externo a él mismo. Mas ¿Cómo olvidarse de eso en un mundo Neo-liberalista Capitalista devorador de ideas y consumista de idiosincrasias? Donde lo único que importa es la ganancia y el capital obtenido por los medios del maquiavelismo necesarios para dichos fines.  Pues es entonces donde Victor, no tiene salida.

Está atrapado como una rata de laboratorio después de haber sido acondicionada pavlovianamente en el arte del obedecimiento y la devoción total a las leyes establecidas por algún organismo superior, que promete grandes beneficios a cambio de una sola acción de devoción: la sumisión.

Hay que entender amigos míos, que somos esclavos de nuestra propia consciencia y permanecemos como estamos debido a nuestra inseguridad y nuestra filia por la comunidad y el bienestar común.
Esto sumado a la capacidad de raciocinio que manejamos a diferentes niveles de dificultad, podemos estar construyendo poco a poco lo que queda del impero Español y el impero Azteca destinados a la noche triste por el resto de los días. Para fusionarlos en uno, un mestizaje que a través de la búsqueda de un bien común puedan salir ideas tan brillantes. como el resplandor de un sol justo cuando sale por el horizonte e impacta en los débiles ojos de los ilusos y débiles que creen que lo que es, debe de mantenerse como está. Intacto.

Por eso yo no puedo llorar, no puedo reír y no puedo demostrar alguna señal de humanidad, he dejado atrás a mi especie y he decidido que de ahora en adelante seré la idea que revolucione la humanidad, por mi falta de capacidades y mis limitaciones. Lo que me impulsa a desarrollar algo con lo que la gente no haya soñado antes, un estado de ecuanimidad.

Tal vez no sea feliz, pero sigo vivo y sigo sufriendo los suficiente para intentarlo.
Algún día desearía amar y ser amado, pero eso no pasará hasta que no ame y me sienta amado por mi mismo sin ninguna condición. Mi camino es difícil mas no imposible.

Seré entonces el Übersmensch que siempre he soñado.


*Esta será posiblemente una de los cuentos más profundos que jamás haya escrito, de lo cual no estoy orgulloso. No me encuentro en todos mis sentidos, por lo que dejo a criterio del lector su interpretación.





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