Hoy me nació por escribirle una carta a mi abuelo.
Él vive en una ciudad muy lejana a la mía porque mis padres decidieron mudarse cuando aún era muy pequeño. Yo no conozco sus calles, ni su gente, ni su aroma, solo sé que existe un lugar lejano donde vive mi abuelo.
Dicha ciudad es reconocida mundialmente por 3 cosas; el tequila, los mariachis y las bellas mujeres. Incluso puedo asegurar que ya sabes de que ciudad estoy hablando. Así es, se trata de Guadalajara - Jalisco. Aquella a la cual le han dedicado tantas canciones, la que tiene el alma de provinciana y huele a limpia rosa temprana, a verde ara fresca del rio. El lugar de la tierra mojada.
Aquella a la que todos quieren, la que todos recuerdan con gran cariño, la que yo no conozco mas que algunas veces que he pasado por sus carreteras cuando me dirijo a otros lugares, mas nunca he tenido el gusto de disfrutar. A veces me pregunto como me puedo llamar mexicano si no conozco mucho de mi país, no escucho su música, no vivo sus tradiciones ni represento algo significativo de mi pueblo. Creo que todos en el fondo tenemos algo que nos une, pero muchas veces no sabemos de nuestras raíces.
Todo comenzó hace algunos meses, cuando revisando algunos papeles que tenia que sacar encontré algunas fotografías viejas. Tenían una pinta de haber estado miles de años en ese lugar, sin contacto alguno con el exterior, se notaba que algunas ya perdían su color y otras estaban completamente arruinadas por la humedad y las pobres condiciones en las que estaban almacenadas. Fue ahí cuando la encontré, una vieja fotografía que estaba pegada a otras cuantas pero que resaltaba, tanto por su tamaño como por su contenido. Era simple un retrato en interior con una pobre iluminación y un poco sobre expuesta la toma. En primer plano se podía ver a un personaje sacado de la revolución mexicana, con vestimenta poco ostentosa y algo gastada, una chamarra de cuero de las que se acostumbra llevar cuando se monta a caballo, que hace juego con un sombrero vaquero mediano que cubre la cabeza de tan interesante personaje. Una camisa blanca que no se alcanza a distinguir debido a la baja calidad de la fotografía pero que parece de manta en la cual hay un grabado que ha sido borrado por el tiempo. Lleva por cinturón un cuero decorado con caballos y hebilla metálica que sostiene sutilmente unos pantalones de tela gruesa y viste todo esto con una postura relajada y amigable, que podría asegurarse que iba llegando de algún menester en el campo y acababa de pasar un buen día. Sus facciones son suaves pero firmes, se aprecia una mirada profunda pero que invita a la plática, como de aquellos viajeros que gustan de charlar con los extraños. Él es mi abuelo.
Así pues, lo reconocí porque mi madre me ha contado leyendas y cuentos sobre como creció y como fue su vida en esas tierras, como todo olía diferente y la gente llevaba otro ritmo de vida. Cuenta mi madre que cuando ella era pequeña, él era muy bueno y siempre había una historia que escucharle, un chiste del cual reír o un dulce que recibir de él, pero con el tiempo fue cambiando. Algunos dicen que fue por el alcohol, otros por las malas influencias o la falta de dinero. Cual haya sido el caso, terminó con esa época de tranquilidad. Lo que obligó a mi madre y el resto de su familia a salir de aquella ciudad. Yo no lo conocí, nunca lo había visto ni en fotografías, nunca hablé con él. solo había escuchado historias que de vez en cuando salían en alguna fiesta o cuando platicaba con mi madre tomando el café antes de dormir.
Decidí entonces escribirle una carta;
- Abuelo,
Primero que nada quiero mandarle a usted un gran saludo y un abrazo, sé que usted a mi no me conoció en persona pero tampoco yo tuve la iniciativa de buscarlo. No sé si usted sabe algo de mi, pero yo si he escuchado mucho de usted, mi madre me ha dicho cuanto pudo y quiero decirle que me hubiera gustado poder haber estado ahí con usted para que no sean simples historias sino recuerdos propios.
En estos momentos me es muy difícil visitarle pero quiero que sepa que en el lugar en el que se encuentre, siempre lo llevaré en mis recuerdos, que no lo culpo en ningún sentido por las cosas que hizo ni las decisiones que le llevaron a estar lejos de mi. También quiero que sepa que su hija, mi madre, ya ha superado lo pasado aunque le duela hablar de ello. No hay cosa que no tenga perdón en este mundo y quiero que sepa que aunque no lo digamos, le queremos mucho. No hay nada en este mundo que me gustaría mas que pudiéramos vernos, pero yo entiendo que la distancia y las cosas han cambiado. Ahora usted tiene otro lugar y yo el mio.
Quiero terminar este escrito con una gran reverencia a lo que usted significa en mi vida, le doy gracias por haberme dado a la mejor mamá del mundo y por permitir que yo hoy sea quien soy.
Le quiero mucho. -
Una vez terminé de escribirla, la puse dentro de un sobre y la coloqué sobre mi mesita de dormir, junto con la fotografía. Terminé de limpiar las cosas que tenía que sacar, que no eran pocas y algunas ya estaban en muy mal estado. Terminé por ahí de las 9 de la noche y me di una ducha de agua fría, me gusta sentir las gotas recorriendo mi cuerpo mientras congelan mi piel. Me siento vivo.
Entonces al otro día tomé la carta y la guardé en una caja, la acomodé junto con algunas otras cosas en el cuarto debajo de las escaleras, la guardé (en mis recuerdos). Se supone que la mandaría, se supone que tendría que llevarla a la oficina postal, comprar una estampilla, pagar una cantidad y esperar a que los carteros la llevaran hasta su destino, a una dirección en aquella ciudad, pero no lo hice, no lo que hice porque ya no hay nadie que la reciba, ya no existe una casa a la cual mandarla. Ya es demasiado tarde. Mi abuelo ya no está. Pero sé que le hubiera gustado recibir una carta, una que fuera mía, una que fuera de verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario